Avanza velozmente por la espesura del bosque, se encuentra muy asustado, no sabe con certeza de qué huye. Está amaneciendo, sabe que dentro de una media hora será completamente de día y si su perseguidor no ha acabado con él para entonces, lo hará la luz del sol.
Ahora es cuando comienza a arrepentirse de no haber hecho caso a los demás y haberse alejado tanto él solo. Nunca debería haberse adentrado tanto en el bosque, el riesgo de ser atacado por los humanos o por cualquier otro ser es muy grande.
No le preocupa demasiado morir, ha vivido tanto que ha perdido la ilusión, además su vida es cada día más monótona y repetitiva.
Mientras corre entre los árboles siente un escalofrío que le recorre todo el cuerpo, sabe que es un presagio. Intuye que su fin está próximo. Descubre que está sonriendo, lleno de vitalidad, sus ganas de vivir han aumentado, se encuentra eufórico, ¡¡ por nada del mundo desearía morir en ese momento!!
Continua corriendo con más y más fuerza.
Los rayos del Sol comienzan a filtrarse entre las ramas de los árboles y en apenas unos segundos muere calcinado.
¿Por qué hasta que no estamos a punto de perder algo no lo damos importancia?