El burrito no tenía capacidad para preguntarse nada, pero si hubiera tenido un cerebro más desarrollado le habría parecido raro encontrarse a esa chica ahí.
Ella tampoco pensaba como nosotros, su forma de pensar había evolucionado de manera diferente. Sintió algo cálido al ver al burrito y se abalanzó sobre él.
El burrito se mantenía expectante mientras la chica se frotaba contra él y le acariciaba el espeso pelaje de su cabeza.Le embriagaba una sensación de comodidad, se sentía muy bien y empezó a experimentar sensaciones totalmente nuevas para él. En cuestión de segundos, mientras aquella chica le tocaba, comenzó a recordar...
Muchos árboles...olor a madera...pájaros, asustados por una tormenta...ella...ella no estaba allí...
Recordó su vida como humano. Era joven, estaba enamorado, solo le faltaban cinco días para casarse con la mujer de su vida cuando murió, aplastado por la rama de un viejo árbol en una noche de tormenta.
- ¿Cuántos años han pasado desde mi muerte? -preguntó el burrito a la chica.
-Cerca de dos- susurró ella.
El burrito se sintió esperanzado: "¡Quizás ella aún siga viva! Iré a buscarla, la diré que aún sigo amándola, ya nada podrá separarnos, estaremos juntos para siempre."
De repente, el burrito sintió un intenso dolor en la parte derecha de su lomo de la que comenzó a manar sangre. La chica le dijo con voz entrecortada:
- Vas a abandonar la vida... no deberías haber entrado en el cuerpo del burro.
Sus esperanzas, junto con su vida, abandonaron este mundo.
Fue entonces cuando la chica lloró y se arrepintió de haberse suicidado aquel día. Si no lo hubiera hecho, ahora no sería una esclava de la muerte y no estaría lamentándose por haber matado a la única persona que realmente la importó.