Saturday, March 17, 2007

¿Qué queda?

Es cierto, lo admite, no es capaz de distinguir realidad y ficción. No le importa, él es feliz, muy pocas veces ve amenazas donde no las hay, parece ser que su mente mantiene unos fuertes vínculos con la realidad, su deformación de ésta unicamente se ve afectada por sus sentimientos. Esto ya le sucede desde muy niño, después de más de cuarenta años con la enfermedad, ha aprendido a controlarla: mientras no sienta rabia o furia, no supondrá ningún problema para él ni ninguna amenaza para las personas de su entorno. Ha aprendido a controlar su ira, es por esto que su extraña visión del mundo en ningún momento le lleva a situaciones en las que se ve realmente amenazado y tiene que utilizar la fuerza como les sucede a otros enfermos mentales de este tipo.
Este razonamiento no le ha parecido lo suficientemente razonable a su hijo, que, por una serie de extraños comportamientos de su padre, se vió en la necesidad de llevarlo a un psiquiatra que le diagnosticó esta enfermedad mental.
Tras exponer esto y negarse rotundamente a tomar la medicación, el enfermo ha sido internado en un hospital de atención psiquiatrica en el que es obligado todos los días a tomar las pastillas.

Acaba de descubrir una realidad que no le gusta, la vida ha perdido toda la emoción que su enferma mente la daba. No quiere seguir viviendo así, ahora se refugia en la lectura, es su único modo de adentrarse en un mundo irreal creado por mentes enfermas como la suya. Mientras tenga sus libros seguirá conservando parte de su felicidad pero... ¿qué será de él si los médicos consideran que leer esos libros puede perjudicarle y se los arrebatan?